miércoles, 17 de octubre de 2012

Perry Guiños


Sentado en una peña, el Troll
      alza triste cantar:
"¿Por qué, por qué he de vivir yo
      tan solo en Más Allá?
Ha tiempo que partió mi pueblo
      y ya no piensa en mí;
entre la Cima de los Vientos
      y el Mar, quedé yo aquí.

No soy ladrón ni borrachín
      ni carne como yo;
mas todos cierran al oír
      mis pasos con terror.
¡Ay, si tuviera lindos pies
      y manos que enseñar!
Mi corazón derrama miel,
      ¡mis guisos no están mal!

¡No quiero que esto siga así,
      un amigo hallaré!
Pisando suave, hasta el confín
      de la Comarca iré".
La noche entera caminó
      con sus botas de cuero;
Cavada al alba divisó,
      y ya estaban despiertos.

Echó un vistazo, y vio ¿a quién
      sino a la vieja Banz
con su sombrilla y cesta?, y él
      sonriole muy cordial.
"¡Buen día y noche tenga usted!
      ¿Cómo va su salud?"
Ella todo dejó caer
      y huyó gritando: "¡Uhh!"

Pot el Alcalde estaba allí
      y oyó la horrible voz;
se puso rosa y carmesí
      y bajo tierra huyó.
Herido el Troll en su bondad
      "¡No huyáis!", les suplicó;
mas se escondió la vieja Banz
      debajo del colchón.

El Troll hasta el mercado fue
      y recorrió los puestos;
salta la oveja que lo ve
      y el ganso escapa al vuelo.
Se atragantó el Granjero Hogg,
      Bill le arrojó el cuchillo,
Garra el perro la vuelta dio
      rogando escapar vivo.

Sentose el Troll triste a llorar
      delante de las Celdas.
A Perry Guiños vio llegar,
      que le dio una colleja.
"¿Cómo es que lloras, grandullón?
      ¡Ven afuera en seguida!"
Rió al pegarle un empujón
      y al ver que sonreía.

"¡Oh, Perry Guiños", gritó el Troll,
      "vamos a ser amigos!
¿Aceptarás mi invitación?
      ¿Tomarás té conmigo?"
Saltando, Perry se agarró
      de su ancha espalda: "¡Venga!"
Y en las rodillas del buen Troll
      tuvo esa noche cena.

Manteca, crema y confitura,
      bizcochos y tostadas;
comió el Guiños hasta la hartura,
      ¡los botones saltaban!
Ya la marmita en el fogón
      cantaba al calentarse,
un mar de té se le sirvió
      y tomó hasta anegarse.

Tirantes ya chaqueta y piel
      descansaba en silencio
y dijo el Troll: "Te enseñaré
      el arte confitero,
a hacer crocante y dulce pan
      y dorados tortones
y luego en cama dormirás
      y almohada de plumones".

"Joven Guiños, ¿dónde has estado?"
      "Me fui a tomar el té,
y comí tanto pan tostado
      que casi reventé".
"¿Mas dónde en la Comarca, amigo,
      o fue tal vez en Bree?"
Repuso envanecido el Guiños:
      "No os lo voy a decir".

"Yo sé", dijo Curioso Jack.
      "Lo vi cuando partió
a los montes de Más Allá
      en el hombro del Troll".
Y todos en un tris partieron
      en carro, poney o asno
a las colinas; pronto vieron
      la chimenea humeando.

Y comenzaron a llamar:
      "¡Troll, un pastel hornea,
para nosotros, dos, o más!
      ¡Hornea, Troll, hornea!"
"¡Marchad a casa!" dijo el Troll.
      "Jamás os invité.
Sólo en jueves cocino yo
      y para dos o tres.

¡Marchad! Mi casa es muy pequeña,
      debe haber un error,
y no hay pasteles, torta o crema,
      ¡Perry se los comió!
Tú Jack, y Hogg, y Pot y Banz,
      más ya no os quiero ver.
Sólo Guiños puede pasar:
      ¡fuera de aquí el tropel!"

Ahora bien, con tanto pan
      Guiños mucho engordaba
y ni la ropa le iba ya
      ni el sombrero le entraba;
pues los jueves, en la cocina
      tomaba Perry el té,
y el Troll más chico parecía
      según crecía aquél.

Llegó a ser Perry un confitero
      sin par, dice el cantar.
Sus tortas muy famosas fueron
      desde Bree hasta la Mar.
Mas nunca hubo pan tan crujiente
      ni una crema batida
cual la que el Troll todos los jueves
      con el té le servía.

J. R. R. TOLKIEN
Cuentos Desde El Reino Peligroso.